Agro-Inundacion

Millones de hectáreas están bajo el agua en la región productiva más rica del país.

El paisaje en la zona núcleo es desolador: millones de hectáreas están bajo el agua, hay campos en los cuales no se puede sembrar o levantar los cultivos, rodeos enteros permanecen aislados, es imposible transitar por los caminos rurales, números pueblos corren el riesgo de inundarse, el daño a la infraestructura productiva es enorme y las pérdidas económicas incalculables.
Esa es la realidad que afronta hoy el sector agropecuario en la región productiva más rica del país, jaqueada por el cambio climático, que aportó el mes de septiembre más lluvioso de los últimos 45 años; la ausencia de obras para prevenir semejante catástrofe, que se remonta al pasado y se mantiene en el presente; y los canales clandestinos, que son sinónimo del sálvese quien pueda pero que terminan perjudicando a todos.
La magnitud de esta calamidad abarca nada menos que a cuatro provincias argentinas del centro del país: Córdoba, Santa Fe, La Pampa y Buenos Aires, las que deberán dirimir las controversias sobre el manejo del agua para resolver definitivamente el flagelo que castiga a miles de productores.

El cambio climático y algo más 

El territorio bonaerense tiene más de diez millones de hectáreas bajo agua y el cambio climático sin dudas tiene mucho que ver dentro de este panorama catastrófico, pero hay cuestiones que agravan de manera determinante la situación, como la falta de obras, las canalizaciones clandestinas y la crisis de las napas saturadas por los excesos hídricos.
“La inundación es como un cáncer que al productor lo carcome de a poco. Uno cree que el problema se resuelve cuando se va el agua, pero no. Cuesta recuperarse después de episodios de este tipo. La peor que tuvimos en la zona fue la del año ´85. Los efectos se sintieron durante los siguientes 18 años. Ahora, la cantidad de agua que hay en algunos campos nos recuerda aquello”, alertó Raúl Horacio Zubillaga, productor de la zona de Bolívar, una de las más castigadas por las presentes inundaciones.
A la hora de analizar las razones del fenómeno, la mayoría de los especialistas coinciden: la principal es el cambio registrado en los últimos años en el régimen de lluvias, que provocó en esta ocasión que el nivel de precipitaciones supere, a esta altura del año, el promedio anual en los partidos afectados. Con todo, a ese factor se suman otros que, sin ser la causa principal, contribuyen a agravar la situación.
Entre ellos se habla de la falta de un plan integral y continuado para el manejo de las aguas en la zona; la falta de obras consideradas prioritarias que ayudarían a mitigar los daños de la inundación; la existencia de otras mal hechas, que no sólo no ayudaron a mejorar la situación, sino que la complicaron, y la proliferación de canalizaciones clandestinas -construidas tanto por particulares como por municipios- que multiplicaron los problemas.
Alberto Larrañaga, coordinador de la Comisión de Aguas de Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y la Pampa, explicó que el principal factor detrás de las inundaciones es el cambio en el régimen pluvial: “hay partidos como Bolívar, Guaminí, Carlos Casares, Villegas o Rivadavia, donde el índice de precipitación media anual se duplicó y ese es sin dudas el principal motivo, pero existen agravantes. Uno de ellos es que, por las mismas lluvias, se eleva el nivel de las napas y se limita casi totalmente su poder de absorción del agua; otro corresponde a las obras faltantes y las que se hicieron, pero se hicieron mal, y también inciden  las canalizaciones clandestinas, muchas hechas por particulares y otras por municipios, que complican todo el escenario”.
Se habla, además, de una región con características naturales singulares, como la alternancia cíclica de períodos de intensas precipitaciones con otros de pronunciada sequía, que se suceden en lapsos aproximados de 50 años.
Según indicaron climatólogos consultados, los efectos del ciclo húmedo, que desde 1972 atraviesa la región, se ven hoy potenciados por el cambio climático. Entre las áreas más vulnerables se hallan zonas naturalmente complicadas para el drenaje, como el noroeste de la Provincia, donde las dunas actúan como barrera para la salida del agua o la cuenca deprimida del Salado, con sus tierras bajas y propensas a inundarse.
Estos factores, al que se suma en estos momentos la excesiva altura de las aguas en la napa freática, que impide la absorción del excedente hídrico por parte de la tierra y favorece la inundación y el encharcamiento de los terrenos, se ven agravados por dos elementos que son nuevos: el ya mencionado cambio climático, que hace que las lluvias sean más intensas y la expansión de la producción registrada en los últimos años, un fenómeno por el cual muchos terrenos que no se inundaban durante el período seco fueron sumados a la producción y hoy son vulnerables al avance de las aguas.

¿Y las obras?

En el análisis de productores y especialistas aparece el reclamo de un plan integral de obras para toda la zona, que tenga continuidad más allá de los gobiernos de turno. El ingeniero Pablo Romanazzi, presidente de la Comisión de Investigaciones Científicas de la Provincia y titular de la cátedra de Hidrología de la facultad de Ingeniería de la Universidad de La Plata, subrayó que “una revisión de las políticas implementadas en la zona en los últimos años muestra que hubo anuncios de planes una vez cada ocho años, pero en todos los casos quedaron inconclusos”.
Con todo, reconocen que las obras pueden representar un paliativo, aunque no la solución definitiva al problema del agua. En esa línea, Romanazzi aclaró que “un fenómeno natural en el que actúan factores concurrentes, ayudado porque desde 1972 en adelante hemos tenido un ciclo húmedo sin pausa y, paralelamente, en el mismo lapso creció la actividad productiva en la zona”.
Desde ámbitos oficiales se destaca que hay más de 260 obras hidráulicas entre previstas y en marcha en la zona afectada y otras 53 destinadas específicamente a evitar que el agua llegue a los cascos urbanos de las localidades que tienen sus campos inundados.

Canales clandestinos

“Los canales clandestinos son  una expresión de la anarquía que hay respecto al manejo del agua en el territorio”, definió uno de los especialistas, frente a una cuestión que aparece mencionada como agravante de la situación hídrica en el testimonio todos quienes conocen sobre la materia.
La canalización clandestina es una obra que no es aprobada por ningún organismo competente y a través de la cual -a veces los particulares, a veces las comunas- buscan resolver un problema puntual que provoca el agua de la inundación. Pero eso suele generar perjuicios en campos o en municipios vecinos.
Frente a esta situación, que es reiterada, se habla de la existencia de una carencia: la de herramientas jurídicas eficaces que permitan actuar con rapidez a las autoridades ante estos casos para evitar males mayores.
Pero también se necesitan esas mismas herramientas para posibilitar que accedan a reparaciones, en tiempos razonables, aquellos que resultan damnificados por este tipo de obras. “No podemos hablar de un vacío legal en torno a las canalizaciones clandestinas, pero sí de una confusión legal”, aalertó Alberto Larrañaga, coordinador de la Comisión de Aguas de Carbap.
Como consecuencia de esa situación, “los damnificados por una canalización clandestina pueden pasar años hasta conseguir algún tipo de reparación y del mismo modo, al Estado se le hace difícil intervenir con celeridad en estos casos, abundó el dirigente. Mientras tanto Raúl Zubillaga destacó que, con cada inundación, ese tipo de obras prolifera y genera problemas.

Lo que viene…

Los meteorólogos pronostican una primavera con lluvias normales o superiores a lo normal, cuestión que puede agravar aún  más el panorama. “En la zona afectada por las inundaciones se alternan ciclos húmedos y secos de alrededor de 50 años de duración. Desde la década del ´70 transitamos un ciclo húmedo, pero que se ve exacerbado por el cambio climático”, indicó Mauricio Saldívar director de la Agencia Hidrometeorológica de La Plata, al analizar la situación climática de la zona inundada del interior bonaerense.
 “Actualmente atravesamos un período neutro, tuvimos un fenómeno de El Niño muy fuerte en los años 2015 y 2016. Y entre 2016 y 2017, un Niño débil. Por ahora nos movemos en la neutralidad que podría llevar a una fase Niña, que tuvo su último período débil entre agosto de 2016 y enero de este año”, afirmó Saldívar.
En esa línea agregó que “esos períodos de neutralidad se traducen en un déficit de lluvias, pero inciden otros factores, particularmente en nuestra zona, donde alternan períodos húmedos con otros secos, de una duración promedio de 50 años. Actualmente atravesamos un período húmedo al que se le suma el efecto adicional del cambio climático”.
Mientras tanto, en el campo bonaerense toda la atención apunta a los pronósticos meteorológicos para los próximos meses. Con las napas saturadas, los productores saben que para que los campos se alivien, es clave el fenómeno de evapotranspiración y de evaporación.

La Picasa avanza

Las lluvias caídas provocaron una nueva emergencia por el desborde de la laguna La Picasa, en el departamento de General López, en el extremo sur de esta provincia. Ello confirmó que el nivel de la laguna hoy está 8,20 metros por arriba de lo normal.
Los datos para reflejar la situación que se remonta al año 1985, los dio a conocer el presidente del Comité de Cuenca de esa laguna, Juan Carlos Duhalde. “Hay más de 100.000 hectáreas inundadas en una de las zonas más ricas del país. Lamentablemente, lo que está ocurriendo es la emigración de centenares de familias, que terminan engrosando las villas de emergencia del Gran Rosario o el Gran Buenos Aires”, sostuvo el productor.
El cuadro de situación se sigue agravando. El agua de la desbordada laguna, que también recibe aportes de la zona sudeste de Córdoba, donde se sufre el fenómeno de la inundación, supera el nivel de la Ruta Nacional 7 entre Aarón Castellanos y Diego de Alvear, en un tramo de 12 kilómetros, donde el agua supera el pavimento por más de un metro, pese a los reiterados alteos que se hicieron en el lugar.
Los especialistas consideran que la laguna La Picasa creció 35 veces desde 1985 hasta hoy. Pasó de ser “una manchita” que ocupaba 1400 hectáreas hace 32 años a una enorme masa de agua que hoy abarca un territorio equivalente a 50.000 hectáreas, aunque su influencia se extiende a un número similar de hectáreas en zonas colaterales.
La problemática de La Picasa involucra no sólo a Santa Fe, sino también a Buenos Aires y Córdoba. Los excedentes que superan la Ruta Nacional 7 llegan a Buenos Aires y amenazan con inundar zonas productivas que integran el núcleo dedicado a las campañas de granos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente: Democracia.com

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