Competitividad y futuro: cuando las decisiones nacionales también se juegan en Necochea y Quequén.
Las cuatro cadenas que representan a los complejos de soja, trigo, maíz y girasol –Acsoja, Asagir, Argentrigo y Maizar– cerraron el año con un mensaje que también resuena fuerte en nuestra región: la competitividad no se decreta, se construye con políticas claras, infraestructura eficaz y reglas estables.
El agro argentino generó US$ 31.000 millones en exportaciones durante el último ciclo. Un aporte clave para el país, pero que sigue conviviendo con trabas históricas. Y en zonas como Necochea y Quequén, donde el movimiento de granos y la actividad portuaria son motores centrales de la economía, cada una de estas decisiones nacionales se siente de manera directa.
Una reforma fiscal que impulse a quienes producen
Las cuatro cadenas plantearon la necesidad de una reforma fiscal integral que deje atrás un sistema que penaliza a quien invierte y trabaja. Para nuestra región, donde conviven grandes jugadores y pymes agroindustriales, un rediseño tributario podría traducirse en más actividad, más empleo y más arraigo.
Infraestructura: la deuda que Necochea conoce de cerca
Cuando las entidades remarcan que “sin logística, el desarrollo es apenas una idea”, la frase podría haberse escrito desde cualquier camino rural del distrito o desde la cabina de un camión que intenta acceder a los puertos de Quequén en plena cosecha.
Caminos rurales deteriorados, rutas que piden mantenimiento, cuellos de botella en accesos portuarios, energía limitada y conectividad irregular son parte del mapa cotidiano. Por eso, el pedido de las cadenas por más inversión en infraestructura logística y energética toca de lleno a nuestra economía local, profundamente dependiente de la eficiencia del movimiento de granos.
Trabajo agroindustrial: reglas modernas para realidades diversas
El llamado a una reforma laboral que contemple la estacionalidad y las particularidades del trabajo agroindustrial también dialoga con la realidad local: cosecha, transporte, acopios, puertos y pymes que necesitan marcos flexibles para sostener empleo formal sin trabas ajenas al territorio.
Semillas y tecnología: el salto pendiente que podría potenciar al sudeste bonaerense
Sin una ley de semillas actualizada, Argentina sigue frenando inversiones que permitirían hacer más rendidor cada metro cultivado. En un distrito agrícola como el nuestro, donde el trigo y la cebada se combinan con rotaciones intensivas, la modernización normativa sería una herramienta directa para mejorar productividad y calidad.
Biocombustibles, ambiente y nuevas reglas
La región también podría verse beneficiada por cortes más altos de biocombustibles, que activarían inversiones y diversificarían mercados. A la vez, la adhesión a criterios ambientales comunes –como los propuestos por la Red BPA– ayudaría a ordenar prácticas y reducir conflictos, especialmente en zonas periurbanas.
Fertilizantes: una brecha que pesa en los rindes locales
Mejorar el uso de fertilizantes no es un debate abstracto: en Necochea y Quequén se traduce en rindes que pueden variar por decenas de quintales según el manejo y la disponibilidad. Las cadenas reclaman políticas que faciliten acceso y financiamiento, una necesidad que se repite campaña tras campaña en la región.
Retenciones: un viejo obstáculo que requiere previsibilidad
El documento vuelve sobre un tema que condiciona las decisiones de productores, acopios y operadores del puerto local: las retenciones. Las bajas aplicadas este año fueron un avance, pero sin un sendero previsible y progresivo, planificar inversiones o estrategias comerciales sigue siendo un ejercicio de adivinación.
Un mensaje que también es local
Las cadenas insisten en que sus planteos no son privilegios sectoriales, sino condiciones básicas para que el país crezca. Y para Necochea y Quequén, donde el campo, la industria y el puerto forman un triángulo productivo decisivo, cada una de estas decisiones nacionales marca el pulso de nuestra economía.
El desafío es convertir esta agenda en política de Estado. No solo para el agro, sino para el futuro de regiones que, como la nuestra, necesitan previsibilidad, infraestructura y reglas claras para desarrollarse.
