Editorial: Autovía 88: una deuda con el campo y con toda la región

Editorial: Autovía 88: una deuda con el campo y con toda la región

Desde el sector agropecuario, la transformación de la Ruta 88 en autovía no puede ser vista solamente como una obra vinculada a la seguridad vial. Es, fundamentalmente, una necesidad productiva y estratégica para toda la región.

La Ruta 88 conecta zonas de enorme importancia agropecuaria con los principales centros de consumo, comercialización y exportación. Por allí circulan diariamente productores, trabajadores rurales, transportistas y camiones que trasladan granos, hacienda, insumos, maquinaria y todo aquello que forma parte de la actividad productiva.

Por eso, cuando hablamos de convertir la Ruta 88 en autovía, también estamos hablando de mejorar la competitividad del campo y reducir los costos logísticos de la producción.

El deterioro de las rutas, la falta de seguridad y las dificultades para circular no solamente representan un riesgo para quienes las utilizan. También generan mayores tiempos de viaje, costos de transporte, desgaste de vehículos y dificultades para sacar la producción de los establecimientos rurales.

La tragedia que terminó con la vida del remisero Santiago Irigoyen y de la joven Ana “Anita” Peralta Rondanina volvió a poner en primer plano una problemática que la región conoce desde hace décadas.

La campaña impulsada por Andrea Rondanina, bajo el lema “Por Anita. Por todos. Autovía 88 para la vida”, logró algo fundamental: transformar el reclamo de una comunidad en una demanda regional.

Desde el campo entendemos que no alcanza con lamentar cada accidente y volver a discutir la obra después de una tragedia. Hace falta una decisión política que permita avanzar con estudios, proyecto ejecutivo, financiamiento y un cronograma concreto de ejecución.

Es positivo que Vialidad Provincial haya comenzado con los primeros estudios técnicos. También es importante que los municipios y los distintos sectores políticos estén planteando alternativas.

Pero el desafío es mayor: Nación, Provincia, municipios, productores, transportistas, entidades rurales y toda la comunidad deben sentarse en una misma mesa.

La discusión no debería centrarse exclusivamente en quién financia la obra, sino en cómo se consigue el financiamiento y cómo se garantiza su realización.

Para el sector agropecuario, una Ruta 88 segura significa mucho más que comodidad. Significa producción que puede salir, camiones que pueden circular, trabajadores que pueden trasladarse y una región que puede crecer.

El campo necesita infraestructura para producir y transportar. Sin caminos seguros y eficientes, cualquier esfuerzo productivo pierde competitividad.

Después de décadas de reclamos, la Autovía 88 merece dejar de ser una promesa electoral o una consigna que vuelve a aparecer después de cada accidente.

Debe transformarse en una política de Estado.

Porque la seguridad vial y la producción no son dos reclamos diferentes. En esta región forman parte de una misma necesidad: tener una ruta moderna, segura y preparada para acompañar el desarrollo agropecuario, industrial, comercial y turístico.

Desde el sector agropecuario, el mensaje es claro: la Ruta 88 no puede esperar otra tragedia para volver a ser noticia. Es tiempo de convertir el reclamo en proyecto, el proyecto en presupuesto y el presupuesto en obra.

admin

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *