CIPSA: una apuesta privada para recuperar la actividad pesquera en Necochea

CIPSA: una apuesta privada para recuperar la actividad pesquera en Necochea

Hay proyectos que representan mucho más que una obra de infraestructura. La puesta en marcha de CIPSA (Complejo Industrial Pesquero Sociedad Anónima) puede convertirse en uno de esos casos: una inversión privada superior a los 7 millones de dólares que busca recuperar actividad pesquera, generar trabajo y darle a Necochea una nueva alternativa dentro de su estructura portuaria.

Después de años de estudios, trámites y gestiones, las máquinas finalmente comenzaron a trabajar sobre la margen Necochea del río Quequén. El emprendimiento de Manumar y el astillero Aloncar contempla una concesión por 30 años y, en su primera etapa, la construcción de unos 220 metros de nuevo muelle.

La obra se desarrolla en terrenos concesionados por el Consorcio de Gestión del Puerto de Quequén, desde el sector del ex Puente Escurra hacia la banquina. Allí se concentrará una inversión que luego deberá complementarse con cámaras, pavimentación, maquinaria y equipamiento.

Pero detrás de los números hay una cuestión mucho más importante: la posibilidad de volver a generar movimiento pesquero en Necochea.

“Si yo tengo un muelle, pueden venir barcos, y si viene un barco, trae trabajo”, resumió el empresario e ingeniero Hugo Obregozo, titular de Aloncar e integrante de Manumar. Una frase sencilla, pero que sintetiza buena parte de la expectativa que despierta el proyecto.

Claro que la apuesta tiene riesgos. Durante los años que demandaron los estudios y las autorizaciones, el escenario cambió y algunos potenciales clientes tomaron otros caminos. Ahora comienza el verdadero desafío: lograr que los barcos vuelvan a elegir Necochea.

El propio Obregozo lo planteó con crudeza: “Yo no sé si estoy haciendo un muelle o mi tumba. No lo sé, pero si es mi tumba, me juego”.

Y allí aparece una de las características más destacables de esta iniciativa: se trata de una inversión íntegramente privada, que durante tres décadas explotará las instalaciones y que, al finalizar la concesión, dejará la infraestructura en manos del Estado.

Para Necochea, esto también representa una oportunidad de diversificación. Una ciudad y un puerto históricamente vinculados al movimiento de granos y a la actividad agroexportadora pueden recuperar, al menos parcialmente, una rama productiva que durante décadas formó parte de su identidad: la pesca.

A la infraestructura portuaria se suma además la posibilidad de desarrollar un centro de capacitación, incorporando conocimiento y formación vinculados con la actividad.

Ahora habrá que esperar resultados. Las inversiones privadas no garantizan por sí solas el éxito. Se necesitarán barcos, empresas, trabajadores, servicios, logística y condiciones que hagan competitiva la operación.

Pero hay algo que ya cambió: el proyecto dejó de ser una promesa y comenzó a convertirse en una obra concreta.

Después de tantos años de expectativas, CIPSA finalmente arrancó.

Y como lo resumió Obregozo, con pocas palabras pero con una enorme carga de significado: “Ya arrancó”.

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