Desde la tranquera hacia el muelle: una mirada que Puerto Quequén necesita convertir en política regional

Desde la tranquera hacia el muelle: una mirada que Puerto Quequén necesita convertir en política regional

Hay definiciones que, por su alcance, exceden el marco en el que fueron pronunciadas. La idea de trabajar “desde la tranquera hacia el muelle”, planteada por el presidente interino del Consorcio de Gestión de Puerto Quequén, Mariano Carrillo, durante la jornada sobre maíz, girasol y soja realizada el jueves 27 de agosto, merece ser tomada como algo más que una expresión de circunstancia.

Porque Puerto Quequén no comienza en sus muelles. Comienza mucho antes: en el establecimiento rural, en los caminos que permiten sacar la cosecha, en los acopios, en los camiones, en la infraestructura vial y finalmente en la terminal portuaria desde donde la producción del sudeste bonaerense llega a los mercados.

Ese concepto parece sencillo, pero durante años la realidad mostró una fragmentación que terminó perjudicando al conjunto. El productor observa el estado de los caminos; el transportista enfrenta las dificultades para circular; los acopiadores necesitan garantizar el movimiento de los granos y el puerto requiere que esa producción llegue en tiempo y forma. Son eslabones de una misma cadena y, cuando uno falla, el problema termina alcanzando a todos.

Por eso adquiere importancia el planteo de Carrillo de construir una “mancomunidad” entre los sectores públicos y privados. No se trata solamente de reaccionar ante una emergencia, como ocurrió con los caminos afectados por las intensas precipitaciones, sino de establecer una dinámica permanente de cooperación.

La región necesita precisamente eso: dejar de abordar sus problemas de manera aislada.

Los caminos rurales, particularmente, no pueden ser considerados un asunto exclusivamente municipal. Son infraestructura productiva. Por ellos circula buena parte de la riqueza que sostiene a la economía regional y que, en definitiva, alimenta la actividad de Puerto Quequén. Cada camino deteriorado, cada tramo anegado y cada dificultad para sacar una cosecha tiene consecuencias económicas que van mucho más allá de una tranquera.

La jornada desarrollada en el Centro de Acopiadores de Cereales, con la participación de productores, acopiadores, especialistas y representantes del INTA, se produjo además en un momento en que comienzan a definirse las estrategias para la campaña 2026/27. El clima vuelve a ocupar un lugar central en las decisiones productivas y obliga a pensar no solamente qué sembrar y cómo producir, sino también cómo garantizar que aquello que se produce pueda llegar al destino.

Y allí aparece nuevamente la cuestión logística.

El campo puede hacer su parte, pero necesita caminos transitables. Los acopios necesitan previsibilidad. El transporte requiere infraestructura. Y Puerto Quequén necesita una producción regional que pueda llegar con eficiencia a sus instalaciones.

La frase de Carrillo acerca de que “los problemas llegaron para quedarse” puede ser interpretada también como una advertencia. El desafío climático, las dificultades de infraestructura y las exigencias de una producción cada vez más competitiva no parecen ser cuestiones pasajeras. Por eso tampoco pueden seguir siendo enfrentadas únicamente cuando la emergencia ya está instalada.

Quizás allí se encuentre la verdadera oportunidad.

Si Puerto Quequén logra asumir un papel activo en la discusión sobre la infraestructura productiva regional, articulando con municipios, organismos provinciales y nacionales, entidades agropecuarias, acopiadores, transportistas y productores, el concepto de “desde la tranquera hacia el muelle” puede transformarse en una verdadera política de integración territorial.

Necochea y su zona de influencia tienen en la actividad agroindustrial uno de sus principales motores económicos. Puerto Quequén es una pieza estratégica de ese esquema. Pero su competitividad no depende exclusivamente de la eficiencia dentro del recinto portuario.

Depende también de todo aquello que sucede antes.

La producción no llega al barco por generación espontánea. Llega después de recorrer caminos, pasar por establecimientos, acopios y rutas, atravesar una extensa cadena logística y enfrentar, cada vez con mayor frecuencia, condiciones climáticas que obligan a planificar con anticipación.

Por eso, la discusión planteada en el Centro de Acopiadores debería continuar mucho más allá de esa jornada.

El verdadero desafío es convertir la voluntad de articulación en hechos concretos, planificación y obras. Porque si se pretende que Puerto Quequén sea un puerto cada vez más competitivo, también habrá que fortalecer todo el territorio productivo que lo sostiene.

Pensar desde la tranquera hacia el muelle significa, en definitiva, comprender que el puerto y el campo no son dos realidades diferentes.

Son partes de una misma economía regional.

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