El Niño abre una oportunidad para el campo argentino, aunque el clima mantiene la última palabra
Las proyecciones para la campaña 2026/27 anticipan un escenario favorable para los principales cultivos estivales. Un análisis histórico estima que el maíz podría sumar 5,6 millones de toneladas y la soja otras 5,4 millones. A valores actuales, el incremento productivo representaría unos 4.000 millones de dólares adicionales.
En el campo argentino, hablar de cosecha siempre implica hablar también de clima. Y cuando las perspectivas están vinculadas a un fenómeno como El Niño, cualquier pronóstico debe ser tomado con cautela.
Sin embargo, la información histórica permite mirar la campaña 2026/27 con cierto optimismo. Un trabajo elaborado por Juan Manuel Garzón y Valentino Costamagna, investigadores del IERAL de la Fundación Mediterránea, analizó el comportamiento de los principales cultivos durante diferentes fases del fenómeno ENSO y encontró una relación clara entre El Niño y mejores rendimientos agrícolas.
El estudio tomó como referencia 28 campañas y analizó 196 departamentos de Buenos Aires, Córdoba, Entre Ríos, La Pampa, Santa Fe y Santiago del Estero, sobre una superficie cosechada promedio superior a 18 millones de hectáreas.
La conclusión general es contundente: durante los años caracterizados por El Niño, los rendimientos tendieron a ubicarse por encima de sus niveles históricos, mientras que durante La Niña ocurrió lo contrario.
Maíz y soja, los principales beneficiados
En el caso del maíz, las campañas Niño registraron, en promedio, rendimientos 10,3% superiores al nivel histórico. Durante La Niña, en cambio, se ubicaron 9,9% por debajo.
La soja mostró una respuesta similar e incluso algo más marcada: los rindes fueron, en promedio, 10,8% superiores durante El Niño y 9,8% inferiores durante La Niña.
Pero el comportamiento no es uniforme. La soja de segunda aparece como uno de los cultivos más sensibles al fenómeno. Entre El Niño y La Niña existe una diferencia de 27 puntos porcentuales en los rendimientos y, además, durante los años secos aumenta considerablemente la superficie sembrada que finalmente no llega a cosecharse.
Esto demuestra que el impacto climático no se limita únicamente a cuánto produce una hectárea, sino también a cuántas hectáreas terminan efectivamente llegando a cosecha.
El impacto cambia según la región
Uno de los aspectos más interesantes del análisis es que El Niño no tiene el mismo efecto en todo el territorio agrícola argentino.
Entre Ríos aparece como uno de los casos donde la relación es más marcada. En maíz, los rendimientos se ubicaron 18,4% por encima del promedio histórico durante El Niño y 20,4% por debajo durante La Niña.
Santa Fe y Córdoba también muestran una respuesta significativa, especialmente en soja. Buenos Aires presenta un comportamiento más equilibrado entre ambos cultivos, mientras que La Pampa evidencia una respuesta más heterogénea.
En el extremo opuesto aparece Santiago del Estero, donde la relación entre ENSO y rindes agrícolas es considerablemente más débil. Allí, otros factores climáticos parecen tener una influencia mayor.
Incluso dentro de una misma provincia existen diferencias importantes. En Buenos Aires, por ejemplo, el maíz presenta una mayor sensibilidad en el norte y nordeste provincial, mientras que hacia el sudeste y sudoeste la variación histórica resulta menor.
Una señal positiva, pero no una garantía
El análisis deja una advertencia que resulta especialmente importante para productores y para toda la cadena agroindustrial: El Niño mejora las probabilidades, pero no garantiza una cosecha excepcional.
La intensidad del fenómeno, por sí sola, no alcanza para anticipar el resultado final. Un Niño muy fuerte no significa necesariamente que los rendimientos aumentarán en la misma proporción.
En definitiva, la producción dependerá de cuestiones mucho más concretas: cuándo y dónde se produzcan las lluvias, cómo se distribuyan durante el ciclo de los cultivos, las temperaturas en los momentos críticos, la humedad disponible en los perfiles y las condiciones sanitarias y agronómicas de cada zona.
Una oportunidad de hasta 4.000 millones de dólares
A partir de las brechas observadas históricamente, los investigadores estiman que, en un escenario productivo similar al de las últimas campañas, El Niño podría aportar alrededor de 5,6 millones de toneladas adicionales de maíz y 5,4 millones de toneladas de soja.
Con valores FOB de referencia de 240 dólares por tonelada para el maíz y 500 dólares para la soja, el incremento productivo tendría un valor aproximado de 4.000 millones de dólares.
La cifra no es menor. Para una economía que necesita generar divisas y para un sector que enfrenta permanentemente costos, riesgos y cambios en los mercados, una campaña agrícola favorable puede tener un impacto que excede ampliamente al productor.
Pero la historia también obliga a mantener los pies sobre la tierra.
El Niño representa una señal favorable para la agricultura argentina, especialmente para buena parte de la región pampeana y el Litoral. No obstante, está lejos de ser un cheque en blanco.
El campo podrá contar esta vez con un aliado climático. La pregunta decisiva será si ese aliado aparece en el momento justo y en los lugares donde más se lo necesita.
Porque, como tantas veces ocurre en la agricultura argentina, entre una buena perspectiva y una buena cosecha siempre está el clima. Y el clima, hasta el último momento, tiene la última palabra.
