El precio de la invernada retrocedió más del 7% en los últimos tres meses, aunque todavía se ubica por encima de los niveles que marcaría su comportamiento estacional. El Rosgan advierte que la elevada relación entre el ternero y la hacienda gorda, sumada a la incertidumbre climática, podría generar nuevas tensiones en el mercado ganadero.
El mercado ganadero atraviesa una etapa de corrección en los precios de la hacienda de reposición. Sin embargo, la caída registrada por el ternero durante los últimos tres meses consecutivos plantea interrogantes sobre la evolución de los valores y el equilibrio económico de la actividad.
De acuerdo con el último informe semanal del Rosgan, el ternero cotizó a $5.758,85 por kilo vivo, casi $1.000 por debajo de los máximos registrados en marzo, cuando superó los $6.800. Pese a este retroceso, su precio continúa por encima de la referencia histórica correspondiente a octubre.
El dato adquiere relevancia porque, habitualmente, los valores de la invernada comienzan a fortalecerse a partir de septiembre, después de atravesar el período de mayor presión bajista entre abril y julio o agosto.
Un comportamiento que se aparta de la estacionalidad
El análisis del Rosgan muestra que el ternero llegó a registrar importantes diferencias positivas respecto de los valores que habría sugerido su comportamiento estacional. En marzo, esa brecha alcanzó el 41%, luego de ubicarse en torno al 25% en enero y al 34% en febrero.
Las bajas recientes contribuyeron a moderar esa diferencia, pero todavía no se observa un retorno claro a los parámetros históricos.
En octubre, el precio actual equivale a un índice estacional de 1,03, lo que significa que se encuentra aproximadamente un 3% por encima de su promedio histórico para ese mes.
La situación contrasta con la del novillito terminado, que cotizó a $4.501,27 por kilo vivo. Según el informe, esta categoría mostró una progresiva aproximación a su trayectoria estacional, a diferencia del ternero, cuyos valores continúan reflejando un desvío más persistente.
La relación entre el ternero y la hacienda gorda, bajo presión
Una de las principales preocupaciones del mercado es la relación de reposición entre ambas categorías.
Actualmente, se necesitan aproximadamente 1,35 kilos de hacienda gorda para comprar un kilo de ternero, una diferencia del 35% que supera el 20% habitual de referencia histórica.
Durante marzo, esta relación llegó a 1,43, reflejando la presión que enfrentaban los productores que debían comprar animales para iniciar o continuar el proceso de engorde.
La posterior corrección del ternero permitió reducir parcialmente esa brecha, aunque todavía permanece por encima de sus niveles históricos.
No obstante, una relación de reposición elevada no significa necesariamente que el negocio ganadero haya dejado de ser rentable. El Rosgan señala que la hacienda gorda mantiene precios reales elevados en términos históricos, una condición que permite sostener la actividad, aunque con márgenes más ajustados para quienes deben reponer sus animales.
Una oferta limitada sostiene los valores de la invernada
Para explicar por qué el ternero continúa mostrando precios superiores a su patrón estacional, el informe destaca dos factores: la oferta estructuralmente limitada de animales y una demanda sostenida, impulsada, entre otros elementos, por el desarrollo de las recrías iniciales.
Esta combinación contribuye a sostener las cotizaciones incluso cuando las referencias históricas indicarían un comportamiento diferente.
En consecuencia, la evolución del mercado no puede analizarse únicamente a partir de las bajas recientes. También es necesario considerar el costo de reposición, los valores de venta de la hacienda terminada y los márgenes disponibles para los productores.
Las lluvias podrían sumar presión sobre los precios
A la dinámica de los valores se agrega ahora la incertidumbre climática. Los excesos de lluvias que afectan a distintas zonas del Litoral podrían generar ventas anticipadas de hacienda y reducir la capacidad de carga de los establecimientos comprometidos por las inundaciones.
El escenario adquiere mayor relevancia ante la posibilidad de que el pico de las crecidas de los ríos se produzca hacia fines de octubre o principios de noviembre, según las previsiones mencionadas en el informe.
Si las condiciones hídricas obligan a los productores a retirar animales de los campos afectados, podría incrementarse transitoriamente la oferta de terneros y otras categorías livianas, sumando presión sobre sus cotizaciones.
El impacto dependerá de la magnitud de los excesos de agua, de la disponibilidad de campos alternativos y de las decisiones que deban adoptar los establecimientos para preservar sus rodeos.
La hacienda gorda, en cambio, podría presentar una dinámica diferente. Una menor disponibilidad de animales terminados y las diferencias en calidad y grado de terminación podrían ampliar las brechas de precios entre lotes y categorías.
Un mercado atento a los próximos movimientos
La evolución del ternero muestra que la corrección de precios todavía no garantiza un nuevo equilibrio para el negocio ganadero. Aunque las bajas de los últimos meses redujeron parte de la diferencia registrada durante el primer trimestre, la relación de reposición continúa por encima de sus referencias habituales.
Con una demanda de invernada que conserva fundamentos propios, una hacienda gorda que mantiene valores atractivos en términos reales y un panorama climático incierto, el mercado enfrenta un escenario en el que la estacionalidad no alcanza para explicar todos los movimientos.
En las próximas semanas, la evolución de las lluvias y las posibles ventas anticipadas serán factores determinantes para observar si continúa el ajuste de la invernada o si la limitada oferta estructural de terneros vuelve a sostener sus cotizaciones.
La clave estará en la relación entre el precio de compra y el de venta, dos variables centrales para la rentabilidad de la ganadería y para las decisiones de reposición de los productores.








