Primavera con señales de un Niño fuerte: más lluvias y un clima que puede marcar la campaña agrícola

Primavera con señales de un Niño fuerte: más lluvias y un clima que puede marcar la campaña agrícola

El escenario climático para septiembre, octubre y noviembre anticipa temperaturas superiores a las normales en el norte del país y una primavera más fría en la franja central y el norte de la Patagonia. Las lluvias, en tanto, tendrían mayores probabilidades de ubicarse por encima del promedio en buena parte del territorio.

Agosto dejó un escenario climático cargado de extremos: nevadas históricas en la cordillera, lluvias muy superiores a los registros habituales en el Litoral, crecidas de ríos, sudestadas y fuertes tormentas de granizo en distintas zonas del país.

Ahora, la mirada está puesta en la primavera. Y el principal protagonista vuelve a ser El Niño, cuya intensidad podría tener un impacto significativo sobre el comportamiento de las lluvias y las temperaturas durante los próximos meses.

Según especialistas de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (FAUBA), existe actualmente un 90% de probabilidad de que El Niño sea fuerte durante la primavera, mientras que las posibilidades de que mantenga esa intensidad durante el verano alcanzan el 70%.

Un agosto marcado por los extremos

Las lluvias de agosto fueron muy desparejas. En varias zonas donde se registraron precipitaciones, los acumulados fueron importantes y permitieron que la humedad de los suelos alcanzara niveles superiores a los habituales en buena parte de la región agrícola, justamente cuando comienza a definirse la campaña de cultivos de verano.

La climatóloga Adela Veliz explicó que el escenario tiene antecedentes en otros episodios de El Niño fuerte. Uno de los principales ejemplos es la campaña 2015/16, cuando se registraron excesos hídricos en el norte argentino, la Mesopotamia, el Litoral y el oeste bonaerense.

El patrón actual presenta similitudes, aunque con una diferencia importante: el área con excesos de humedad es más extensa, alcanzando sectores del centro-norte del país, el norte de Córdoba, La Pampa y buena parte de la Patagonia.

Para la especialista, si durante la primavera las lluvias siguen el comportamiento observado en anteriores eventos fuertes de El Niño, algunas regiones que habitualmente reciben menos precipitaciones en esta época podrían comenzar la campaña con una situación hídrica favorable.

En el sudeste bonaerense, mientras tanto, la condición actual se ubica cerca de los valores normales.

Cordillera, Litoral y tormentas severas

El comportamiento de agosto también dejó numerosos episodios meteorológicos extremos.

Las intensas nevadas en la cordillera central provocaron el cierre del paso Cristo Redentor durante 34 días consecutivos. En el Litoral, localidades como Concordia, Corrientes y Resistencia registraron precipitaciones muy superiores a las habituales para agosto.

La situación se complicó además por la crecida del río Uruguay y las sudestadas en el Río de la Plata, que dificultaron el drenaje de zonas bajas y generaron anegamientos en sectores productivos.

En Entre Ríos, por ejemplo, productores ganaderos debieron trasladar animales hacia zonas no afectadas por las inundaciones.

A este panorama se sumaron fuertes vientos Zonda en el oeste y norte argentino y tormentas severas en Santa Fe y Misiones. Entre el 29 y el 31 de agosto, un temporal provocó importantes daños en Gobernador Roca, Misiones, donde fueron destruidos cerca de 200 invernáculos y se registraron cortes de energía y caminos bloqueados.

El Pacífico anticipa un Niño de gran intensidad

Las señales oceánicas y atmosféricas son cada vez más claras.

El Pacífico ecuatorial mantiene una tendencia de calentamiento desde fines del verano y durante agosto las temperaturas superficiales del mar se ubicaron muy por encima de los valores normales, superando los 3,5 °C en sectores de la costa occidental de América.

Al mismo tiempo, los vientos alisios se debilitaron y aumentó la actividad de tormentas sobre el Pacífico central, configurando condiciones características de un episodio de El Niño.

Los modelos climáticos coinciden en que el fenómeno continuará durante la primavera y podría prolongarse durante el verano. Incluso, algunos escenarios proyectan temperaturas del océano que superarían las observadas durante eventos fuertes como los de 1982/83, 1997/98 y 2015/16.

¿Qué puede pasar en septiembre, octubre y noviembre?

Para la primavera, el escenario proyectado combina diferencias importantes según la región.

En temperaturas, se esperan valores superiores a los normales en el norte argentino. En cambio, la franja central y el norte de la Patagonia presentan mayores probabilidades de registrar una primavera más fría que lo habitual.

En precipitaciones, las perspectivas son más favorables para buena parte del país. Las mayores probabilidades de lluvias superiores a las normales aparecen en el extremo noreste y en Cuyo.

El NOA y el sudoeste de la Patagonia constituyen las principales excepciones, con mayores posibilidades de recibir precipitaciones por debajo del promedio. En el centro-norte del país, en tanto, se espera un comportamiento cercano a los valores normales.

Una primavera que será clave para el campo

El escenario climático vuelve a colocar al agua en el centro de la planificación agrícola.

Para los productores, contar con buenos niveles de humedad al comienzo de la campaña representa una ventaja, pero los excesos también pueden convertirse rápidamente en un problema si las precipitaciones se concentran en períodos cortos.

La experiencia de anteriores Niños fuertes demuestra que no alcanza con saber cuánto va a llover: también importa dónde, cuándo y con qué intensidad.

Para el sudeste bonaerense y toda la región productiva cercana a Puerto Quequén, el desafío será aprovechar una eventual primavera favorable sin perder de vista los riesgos asociados a excesos hídricos, anegamientos y dificultades logísticas.

La campaña recién comienza y el clima vuelve a recordar que, en el campo, una buena cosecha no depende solamente de lo que se siembra, sino también de cómo se comporta el cielo durante los meses decisivos.

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