Ruta 88: de las promesas a las obras, una deuda pendiente con toda la región

La transformación de la Ruta Provincial 88 en autovía no puede seguir siendo solamente un anuncio. La seguridad vial, la producción y la comunicación entre Necochea y Mar del Plata necesitan respuestas concretas.

La Ruta Provincial 88 vuelve a ocupar el centro de la agenda regional. Después de años de reclamos, accidentes y pedidos de mejoras, el Gobierno de la provincia de Buenos Aires avanza en la elaboración del proyecto técnico para transformar en autovía el corredor que conecta Necochea con Mar del Plata.

La decisión representa un paso importante. Sin embargo, la experiencia acumulada obliga a mirar más allá de los anuncios: todavía deben definirse el costo de la obra, su financiamiento y los mecanismos que permitan llevarla finalmente a la práctica. El objetivo oficial es contar con el proyecto técnico antes de finalizar 2026.

La reciente pérdida de vidas humanas, entre ellas la de la adolescente Ana “Anita” Peralta Rondanina, volvió a poner en evidencia la gravedad de una problemática que las comunidades de la región conocen desde hace décadas. Detrás de cada siniestro hay familias, proyectos truncados y un dolor que ninguna estadística puede reflejar por completo.

Pero no alcanza con lamentar las tragedias cuando ocurren. La prevención debe convertirse en una política sostenida, con controles, señalización adecuada, mantenimiento de la calzada, mejoras en las banquinas y medidas que reduzcan los riesgos mientras se espera la transformación definitiva.

Una ruta estratégica para la producción

La importancia de la Ruta 88 trasciende el tránsito particular. Es un corredor fundamental para la actividad agropecuaria, el transporte de cargas, el movimiento de pasajeros y la integración económica del sudeste bonaerense.

Por esta vía circulan camiones vinculados con la producción regional, el traslado de mercaderías y la actividad portuaria. Su conexión con Necochea y Puerto Quequén adquiere especial relevancia para una región donde la agricultura, la ganadería, la industria y las exportaciones generan empleo y movimiento económico.

Una infraestructura vial segura y eficiente no constituye un lujo ni un gasto improductivo: es una inversión en competitividad, desarrollo y calidad de vida. Los costos de una ruta deficiente también se expresan en demoras, riesgos, mayores exigencias para los transportistas y dificultades para quienes dependen diariamente de este camino.

El compromiso debe traducirse en hechos

La realización de los relevamientos técnicos por parte de Vialidad bonaerense es un avance necesario. Ahora corresponde establecer un cronograma público, determinar las fuentes de financiamiento y explicar de qué manera se ejecutará una obra de esta magnitud.

También resulta indispensable que las autoridades informen qué intervenciones inmediatas se realizarán en los sectores más peligrosos. La construcción de una autovía demanda tiempo, pero la obligación de proteger la vida de quienes transitan por la ruta es presente.

La posibilidad de desarrollar los trabajos por etapas deberá estar acompañada por plazos verificables, prioridades claramente establecidas y mecanismos de seguimiento que permitan a la comunidad conocer los avances.

Necochea, Quequén, Mar del Plata, Batán y las localidades del área de influencia necesitan que esta demanda se mantenga por encima de las diferencias políticas y de los calendarios electorales. La seguridad vial es una responsabilidad pública que requiere continuidad y compromiso institucional.

La Ruta 88 no necesita otra sucesión de promesas: necesita un proyecto terminado, financiamiento asegurado y obras que comiencen. Cada avance debe ser evaluado por sus resultados y no solamente por los anuncios que lo acompañan.

Porque una carretera más segura significa mucho más que mejorar el pavimento o duplicar una calzada. Significa proteger vidas, fortalecer la producción y garantizar una conexión digna para una región que lleva demasiado tiempo esperando una solución definitiva.

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