El crecimiento de los rendimientos impulsa la producción nacional, pero plantea nuevos desafíos en materia de calidad comercial, competitividad y agregado de valor. Mejorar la diferenciación del cereal y fortalecer los incentivos económicos aparecen como claves para potenciar toda la cadena triguera.
El trigo es uno de los cultivos que históricamente consolidaron a la Argentina como proveedor mundial de alimentos. Sin embargo, las fluctuaciones productivas y las dificultades para desarrollar mercados diferenciados limitaron las posibilidades de avanzar hacia una mayor calidad y exportaciones con valor agregado.
En este contexto, identificar los factores que determinan la rentabilidad del cultivo resulta fundamental para mejorar la competitividad de la producción y de toda la cadena comercial.
Más rendimiento, pero con interrogantes sobre la calidad
Durante las últimas décadas, la producción argentina de trigo registró importantes variaciones, vinculadas tanto con la superficie sembrada como con los rendimientos obtenidos. En los últimos años, el aumento de la productividad por hectárea se convirtió en el principal motor del crecimiento de la cosecha.
La campaña 2025/26 alcanzó un récord de producción, impulsado por rendimientos promedio superiores a los 4.000 kilos por hectárea. Para el ciclo 2026/27, las proyecciones anticipan una de las mayores cosechas de la historia, acompañada por niveles de productividad también elevados.
Sin embargo, este avance productivo abre un interrogante: ¿es posible incrementar los volúmenes cosechados sin resignar calidad?
Datos aún no publicados, generados por el Grupo Trigo y Calidad del INTA Marcos Juárez, señalan que las variedades más modernas, asociadas con mayores rendimientos, habrían contribuido a reducir determinados parámetros de calidad comercial, como el peso hectolítrico y los porcentajes de proteína y gluten.
Esta situación puede tener consecuencias tanto para la industria nacional como para los mercados de exportación.
Comercialización sin diferenciación
Uno de los principales obstáculos es la escasa segregación del trigo según su calidad. En buena parte de la comercialización, el cereal se vende a granel, sin suficiente diferenciación ni trazabilidad, lo que limita las posibilidades de reconocer económicamente sus características y termina favoreciendo la competencia basada principalmente en el precio.
A esto se suma que las bonificaciones por calidad panadera no siempre representan un incentivo suficiente para modificar las decisiones productivas. Como resultado, los productores suelen priorizar variedades de mayor potencial de rendimiento, mientras que la calidad final queda condicionada por la genética elegida, el ambiente y el manejo agronómico.
En este último aspecto, la fertilización cumple un papel fundamental para alcanzar niveles adecuados de proteína y otras características requeridas por la industria.
El impacto sobre la industria y los mercados
El mercado interno, integrado principalmente por la industria molinera, panadera y alimentaria, consume aproximadamente un tercio del trigo producido en el país.
En campañas de altos rendimientos, una mayor disponibilidad de cereal no garantiza necesariamente una calidad homogénea. Cuando predominan partidas con parámetros inferiores a los requeridos, la industria debe recurrir a mezclas y a insumos complementarios de mayor valor, entre ellos el gluten, para alcanzar las especificaciones necesarias en sus procesos.
Esta situación puede elevar los costos industriales y reducir las oportunidades de aprovechar plenamente el potencial del trigo argentino en productos de mayor valor agregado.
Rentabilidad y competitividad: el desafío pendiente
El futuro del trigo argentino no depende únicamente de producir más toneladas por hectárea. También requiere avanzar en sistemas de comercialización que permitan identificar, separar y remunerar las distintas calidades del cereal.
Mejorar los incentivos económicos, ajustar las estrategias de fertilización y promover una mayor articulación entre productores, acopiadores, exportadores e industria son pasos esenciales para fortalecer la cadena.
El desafío consiste en combinar productividad, calidad y diferenciación comercial. De esta manera, la Argentina podrá aprovechar mejor su potencial triguero, mejorar la rentabilidad de los productores y consolidar su presencia en los mercados internacionales con productos de mayor valor agregado








