Mercado saturado y presión para el productor: el complejo escenario de la soja en Argentina

Mercado saturado y presión para el productor: el complejo escenario de la soja en Argentina

El presente escenario comercial se presenta especialmente desfavorable para los productores argentinos de soja que necesitan vender su cosecha de manera inmediata.

Con una demanda interna ya abastecida y una mayor presencia de mercadería importada en el circuito de procesamiento, el contexto actual limita las oportunidades comerciales y pone en evidencia las complejas dinámicas del mercado oleaginoso argentino.

Durante el mes de mayo de 2025, la molienda de soja en el país alcanzó las 3,87 millones de toneladas, según cifras oficiales. Esta cifra representa una baja del 2,5% respecto al mismo mes del año pasado. Parte de esta caída se explica por la salida temporal de producción de las plantas industriales controladas por Vicentin, empresa actualmente en concurso preventivo. La reactivación de estas plantas, concretada en junio tras un acuerdo impulsado por los interventores judiciales, podría aliviar parcialmente el panorama hacia el segundo semestre, aunque no logra revertir el problema estructural: una oferta que supera con creces a la demanda inmediata.

A esta situación debe sumarse otro factor determinante: la creciente participación de soja importada en la molienda local. En mayo, Argentina importó 777.127 toneladas de poroto de soja, provenientes mayoritariamente de Paraguay, con una porción menor desde Brasil. Este volumen representa nada menos que el 20% del total molido en el país durante ese mes.

Si se toma en cuenta que en los dos primeros meses del ciclo comercial 2024/25 la participación de soja importada en el proceso industrial argentino fue del 21,8%, contra un 19,8% en igual período del ciclo anterior, se confirma una tendencia creciente. En términos interanuales, el crecimiento del uso de soja foránea supera los dos puntos porcentuales, lo que implica una mayor presión sobre el precio del poroto argentino.

Paradójicamente, esta dinámica se da en un contexto de cosecha nacional estable. De acuerdo con la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, la producción de soja 2024/25 sería de 50,3 millones de toneladas, apenas por encima de los 50,2 millones del ciclo 2023/24. Sin embargo, el problema no está en la falta de producción, sino en la sobreoferta relativa frente a una demanda que ya se encuentra satisfecha gracias a la soja importada y a los stocks remanentes de campañas anteriores.

Uno de los elementos clave que mantiene abastecida a la industria procesadora es el remanente de cerca de 10 millones de toneladas correspondiente a la campaña 2023/24, que fue transferido al actual ciclo. Este stock, sumado al poroto importado, garantiza un nivel de oferta suficiente para que las fábricas sigan operando con normalidad, independientemente del ritmo de venta de los productores argentinos que recién están levantando su cosecha.

El ingreso de poroto extranjero al país se enmarca en el régimen de “importación temporaria de mercaderías destinadas a recibir perfeccionamiento industrial”, establecido por el decreto 1330/2004. Este esquema permite la entrada de insumos para ser procesados en el país, siempre que luego sean exportados como productos con valor agregado, como harina, aceite o biodiésel. El objetivo es claro: generar divisas. Pero los efectos colaterales en el mercado local no son menores.

En este contexto, los productores argentinos se ven obligados a vender en condiciones desventajosas o a retener la mercadería a la espera de un repunte de precios o cambios en la dinámica de la demanda. No todos están en condiciones financieras de esperar. El resultado es un mercado con valores deprimidos, alta incertidumbre y márgenes cada vez más ajustados para el sector agrícola, que sigue siendo una de las principales fuentes de ingreso de divisas para el país.