Un informe técnico advierte que un evento de lluvias extremas podría provocar pérdidas de entre US$ 137 millones y US$ 153 millones en el margen agrícola de Necochea, Lobería y San Cayetano. El estudio pone el foco en la necesidad de fortalecer la infraestructura hidráulica y la red de caminos rurales para reducir la vulnerabilidad de la producción regional.
La posibilidad de un nuevo episodio de excesos hídricos en el sudeste bonaerense vuelve a encender las alarmas en el sector agropecuario. Según un informe técnico difundido por la agencia DIB, un fenómeno climático de alcance regional podría reducir entre 873.000 y 903.000 toneladas la producción de granos en una sola campaña en los partidos de Necochea, Lobería y San Cayetano.
El estudio estima que las pérdidas representarían una disminución de entre US$ 137 millones y US$ 153 millones en el margen agrícola de los tres distritos, tomando como referencia los efectos de la ciclogénesis registrada en mayo y la preocupación por las posibles consecuencias del fenómeno El Niño.
El antecedente es significativo: aquel evento climático dejó unas 160.000 hectáreas sin acceso en el partido de Necochea, una situación que expuso las dificultades de la infraestructura rural para responder ante precipitaciones extraordinarias. El análisis proyecta ese escenario sobre una región que produce anualmente alrededor de 3,84 millones de toneladas de granos y 39,78 millones de kilos de carne.
Un escenario que exige prevención
La simulación contempla dos factores centrales: dificultades de acceso al 70% de la superficie productiva y una caída del 20% en los rendimientos por hectárea de maíz, soja y girasol.
Los autores aclaran que se trata de una proyección hipotética y que las consecuencias reales dependerán de las condiciones de los suelos, el estado de la infraestructura y la distribución territorial de las lluvias. Sin embargo, advierten sobre una realidad que los productores conocen bien: no alcanza con que algunos lotes alcancen buenos rendimientos si otros quedan inaccesibles y no pueden ser cosechados.
En ese contexto, el riesgo climático deja de ser una preocupación exclusivamente productiva para convertirse en un problema económico y logístico que involucra a toda la cadena agroindustrial.
Caminos rurales y obras hidráulicas, en el centro del debate
Frente a este panorama, el informe plantea la necesidad de avanzar en medidas concretas para reducir la exposición de la región a los excesos de agua. Entre las propuestas figura la gestión de fondos provinciales para ampliar el tramo final del Canal Los Ángeles 1, además de coordinar el mantenimiento de los caminos rurales y los colectores hidráulicos.
También se propone desarrollar un plan de cuenca con presupuesto público, una herramienta que permitiría abordar el problema de manera integral y superar las respuestas aisladas ante cada emergencia.
La experiencia demuestra que la infraestructura hidráulica y vial cumple un papel determinante para sostener la actividad agropecuaria. Cuando los caminos se tornan intransitables, las consecuencias alcanzan no solo a la cosecha, sino también al transporte, la provisión de insumos y el funcionamiento de los servicios vinculados con el campo.
La dimensión del riesgo queda reflejada en otra estimación del trabajo: el volumen de granos que podría dejar de cosecharse equivaldría a entre 29.100 y 30.100 viajes de camiones con una capacidad de 30 toneladas.
El impacto sobre el empleo y la economía regional
La producción agropecuaria de Necochea, Lobería y San Cayetano sostiene cerca de 7.100 empleos directos e indirectos. Por lo tanto, una emergencia hídrica de estas características podría repercutir sobre numerosos sectores, desde el transporte y los contratistas rurales hasta los comercios y prestadores de servicios.
Además, las estimaciones no incluyen los eventuales daños sobre la ganadería ni los gastos extraordinarios derivados de una emergencia, por lo que el impacto económico total podría ser todavía mayor.
Planificar antes de que llegue la emergencia
El informe plantea una advertencia que merece ser atendida por las autoridades y los distintos actores de la producción regional. Si bien no anticipa que las pérdidas proyectadas necesariamente vayan a concretarse, demuestra la magnitud que podría alcanzar un episodio de lluvias intensas cuando afecta simultáneamente a una amplia superficie productiva.
En una región donde la agricultura constituye uno de los principales motores económicos, la prevención no puede limitarse a las respuestas posteriores a cada temporal. Resulta necesario sostener políticas de mantenimiento de los caminos rurales, ejecutar las obras hidráulicas prioritarias y promover una planificación territorial que contemple los riesgos climáticos.
La infraestructura no elimina por completo los efectos de los fenómenos extremos, pero puede marcar una diferencia decisiva entre una contingencia manejable y una emergencia de consecuencias regionales.
Anticiparse, invertir y coordinar esfuerzos entre los municipios, la Provincia y el sector productivo es, en definitiva, una condición fundamental para proteger la producción, el empleo y la actividad económica del sudeste bonaerense.








