Más consumo y producción: la mesa argentina empieza a recuperar terreno
*Nicolas Mario Tambascia
El balance cárnico y lácteo de 2025 deja una señal que, en tiempos de volatilidad económica, vale la pena subrayar: la mesa de los argentinos empezó a recuperar terreno. No se trata de un rebote aislado, sino de una mejora que combina mayor consumo interno, niveles productivos elevados y un contexto internacional que, lejos de ser un obstáculo, jugó a favor de varias cadenas.
Según el informe de la Bolsa de Comercio de Rosario, el consumo total de carnes alcanzó los 113,8 kilos por habitante, un incremento de 3,7 kilos respecto de 2024. Detrás de ese número hay un fenómeno estructural que ya no admite discusión: la diversificación de la dieta proteica. La carne vacuna mostró una recuperación moderada —48,6 kilos per cápita— todavía por debajo de promedios históricos, mientras que el verdadero motor volvió a estar en las carnes aviar y porcina, ambas en máximos históricos.
Este cambio no es solo cultural; es económico. El encarecimiento relativo de la carne bovina, influido por la firme demanda externa, aceleró el efecto sustitución hacia pollo y cerdo. Aun así, resulta relevante que la carne vacuna haya dejado atrás la fase más contractiva, acompañando una mejora general del nivel de actividad y del poder adquisitivo de los salarios registrados, aunque con señales de enfriamiento hacia el cierre del año.
Del lado de la producción, la foto también es sólida. La faena bovina se mantuvo en niveles históricamente altos y el mayor peso promedio de las carcasas permitió sostener el volumen total producido. A la par, la avicultura siguió alineada con el crecimiento del consumo interno y la porcicultura volvió a destacarse como la cadena más dinámica, con quince años consecutivos de expansión. En conjunto, las carnes cerraron 2025 con una producción cercana a los 6,3 millones de toneladas, un dato que habla de capacidad de respuesta y eficiencia, incluso en un año desafiante.
El sector lácteo refuerza este diagnóstico positivo. De acuerdo con el Observatorio de la Cadena Láctea Argentina, el consumo de leche y derivados creció casi 9% interanual y la producción alcanzó uno de los niveles más altos de la última década. Aunque el consumo hacia fin de año mostró mayor dependencia de promociones, la recuperación es innegable y se apoya en una oferta más robusta y diversificada.
En el plano externo, 2025 confirmó que volumen y valor no siempre caminan juntos. Las exportaciones de carne vacuna cayeron en toneladas, pero los precios internacionales elevados llevaron al complejo bovino a un récord histórico de ingresos. Lácteos también mostró buen desempeño, mientras que aves y cerdos consolidaron su perfil más orientado al mercado interno.
Por último, no puede pasarse por alto el impacto de los cambios normativos en derechos de exportación, que aliviaron la carga tributaria sobre las cadenas cárnicas y lácteas. Esa señal de política pública mejoró la competitividad y ayudó a recomponer expectativas en un sector que venía golpeado.
La conclusión es clara: con más consumo, producción sostenida y exportaciones de alto valor, 2025 dejó una imagen alentadora. No es un punto de llegada, pero sí un punto de apoyo. La mesa argentina empieza a recuperar terreno y, con ella, una agroindustria que vuelve a mirar el futuro con algo más de confianza.
