Mercosur y Unión Europea firmaron el acuerdo de libre comercio: oportunidades y riesgos para la Argentina

Mercosur y Unión Europea firmaron el acuerdo de libre comercio: oportunidades y riesgos para la Argentina

Los países del Mercosur y la Unión Europea firmaron este sábado en Asunción el demorado acuerdo de libre comercio birregional. El entendimiento, que apunta a eliminar cerca del 90% de los aranceles vigentes, busca reconfigurar el vínculo económico entre ambos bloques en un contexto global marcado por el regreso del proteccionismo y la fragmentación del comercio internacional.

Para la Argentina, el pacto se presenta como una ventana para ampliar exportaciones en sectores clave, aunque también abre interrogantes relevantes sobre el impacto en la industria local y la posibilidad de profundizar el histórico déficit comercial con Europa.

Un acuerdo tras años de negociación y tensiones internas

El acuerdo llega luego de extensas negociaciones y en medio de resistencias dentro de ambos bloques. Mientras los gobiernos destacan el potencial para dinamizar el comercio y atraer inversiones, distintos sectores productivos advierten sobre los riesgos de una apertura acelerada frente a economías europeas con mayor escala, tecnología y acceso al financiamiento.

Desde una mirada argentina, el vínculo comercial con la Unión Europea muestra un perfil complementario, pero con una ventaja estructural para las exportaciones europeas. Según datos del INDEC, entre enero y noviembre de 2025 el intercambio bilateral dejó un déficit de u$s1.703 millones, explicado por importaciones por u$s9.624 millones que superaron a exportaciones por u$s7.921 millones.

Socios europeos y saldos comerciales

Cinco países concentran más del 70% del comercio con la UE: Alemania, Francia, Italia, España y Países Bajos. Con Alemania, Italia y Francia, la balanza fue negativa en 2025, mientras que con España y Países Bajos se registró superávit. El dato no es menor: Alemania, uno de los principales impulsores del acuerdo, es también el socio con el saldo más desfavorable para la Argentina.

Principales socios comerciales de la UE (enero-noviembre 2025, en millones de USD)

  • Alemania: Intercambio 3.909 | Saldo -1.895
  • Italia: Intercambio 2.448 | Saldo -388
  • Países Bajos: Intercambio 2.344 | Saldo +1.491
  • España: Intercambio 2.192 | Saldo +87
  • Francia: Intercambio 1.401 | Saldo -672
  • Irlanda: Intercambio 810 | Saldo +165
  • Bélgica: Intercambio 789 | Saldo +232
  • Polonia: Intercambio 731 | Saldo +201
  • Dinamarca: Intercambio 353 | Saldo -144
  • Hungría: Intercambio 337 | Saldo -317

Fuente: INDEC.

Qué importa y qué exporta la Argentina

Las importaciones desde Europa están dominadas por bienes industriales de alto valor agregado: medicamentos, vehículos y autopartes, gasolinas, fertilizantes y maquinaria pesada, como turbinas de gas. Se trata de una canasta diversificada, intensiva en tecnología.

En contraste, las exportaciones argentinas mantienen un perfil mayormente primario. El aceite de soja explica el 26% del total, seguido por carnes, maní, biodiésel, petróleo, pescados y langostinos. Este patrón ayuda a explicar la resistencia del agro europeo —especialmente en países como Francia— y, al mismo tiempo, las alertas de los sectores industriales del Mercosur ante una competencia externa más intensa.

Oportunidades y sectores en riesgo

Un informe de la consultora Empiria identificó oportunidades para la Argentina en Combustibles y aceites, Carnes y metales preciosos, segmentos donde existe demanda europea y cierta complementariedad productiva. En sentido inverso, advirtió que los rubros más expuestos a la competencia serán Maquinaria, Equipos eléctricos y Vehículos, seguidos por Farmacéuticos, Químicos y Plásticos, en un contexto donde la industria manufacturera ya enfrenta restricciones financieras, presión impositiva y distorsiones cambiarias.

Para Federico Bernini, economista del IIEP-UBA, las mayores oportunidades están en los agroalimentos, especialmente carnes bovinas, aviares y pesca, con posibles derrames hacia vinos, alimentos balanceados y servicios basados en el conocimiento. En cuanto a los riesgos, señaló a la industria metalmecánica y farmacéutica, aunque destacó que el encarecimiento energético en Europa podría abrir nichos de producción local especializada.

En una línea similar, Federico Vaccarezza, profesor de Comercio Internacional de la Universidad Austral, resaltó el potencial del sector frutícola y citrícola, condicionado al cumplimiento de estrictas normas europeas de calidad y trazabilidad. No obstante, alertó sobre posibles cierres en el sector automotor, uno de los más sensibles a la apertura comercial.

Más comercio, pero sin garantías automáticas

Desde Empiria subrayan que el acuerdo podría resultar especialmente favorable para la Argentina por su bajo nivel de integración al comercio internacional: exportaciones e importaciones representan apenas el 28% del PBI, frente a un promedio regional del 64%. Sin embargo, advierten que la complementariedad con la UE se explica más por la coincidencia entre lo que Argentina importa y lo que Europa exporta que por una fortaleza exportadora propia.

Bernini relativizó el posible aumento del déficit bilateral y llamó a observar el impacto agregado, ya que parte del crecimiento de importaciones europeas podría reemplazar compras a otros orígenes. Además, recordó que experiencias como las de Chile, Perú y Colombia muestran que los acuerdos con la UE tienden a diversificar la canasta exportadora con el tiempo, e incluso no descartó un aumento de exportaciones de pickups argentinas si se mantiene el compromiso de no aplicar retenciones.

Con una mirada más cauta, Vaccarezza advirtió que la falta de desarrollo de cadenas de valor industriales puede dejar a la Argentina en una posición frágil frente a Brasil, que llega al acuerdo tras años de fortalecimiento productivo. “Brasil se preparó para este escenario y puede transformarse en una plataforma de negocios. Argentina va a jugar más desde la importación y la asociatividad que desde una estrategia exportadora propia”, sintetizó.

El acuerdo Mercosur–Unión Europea abre así una nueva etapa: promete ampliar mercados y oportunidades, pero también exige políticas internas que permitan transformar esa apertura en desarrollo productivo sostenido y empleo de calidad.