LOGÍSTICA BAJO TENSIÓN: CUANDO EL CUELLO DE BOTELLA DEFINE EL RUMBO DE LA ECONOMÍA

LOGÍSTICA BAJO TENSIÓN: CUANDO EL CUELLO DE BOTELLA DEFINE EL RUMBO DE LA ECONOMÍA

El levantamiento de los bloqueos de transportistas en gran parte de la provincia de Buenos Aires, con la consecuente normalización del ingreso de camiones al puerto de Puerto de Bahía Blanca, trajo un alivio necesario pero claramente insuficiente. El sistema comenzó a destrabarse, sí, pero lejos está de recuperar su ritmo pleno. Porque mientras un nodo estratégico se recompone, otro sigue detenido: el Puerto de Quequén continúa siendo el epicentro de un conflicto que amenaza con escalar en sus consecuencias.

Lo ocurrido en Bahía Blanca demuestra que, aun en escenarios complejos, los acuerdos son posibles cuando existe voluntad de negociación y referencias claras, como la tarifa orientativa impulsada por la Confederación Argentina del Transporte Automotor. La reactivación del flujo —con casi mil camiones ingresando en un solo día— no solo descomprime la presión logística, sino que también envía una señal de previsibilidad a un sector acostumbrado a operar al límite.

Pero el contraste con Quequén es contundente. Allí, los bloqueos persisten y la parálisis golpea en el peor momento: plena cosecha gruesa, con el maíz como protagonista. No se trata solo de camiones detenidos; se trata de una cadena entera en pausa. Cada jornada sin carga implica sobrecostos, buques demorados, contratos en riesgo y una pérdida silenciosa pero constante de competitividad.

Un intento de acercar posiciones en medio del estancamiento

En este escenario, comenzaron a surgir señales —todavía incipientes— de búsqueda de diálogo. En la mañana del martes, la comisión de Transporte del Concejo Deliberante de Necochea recibió a camioneros que mantienen el paro en inmediaciones de Puerto de Quequén. El eje del conflicto sigue siendo la actualización de tarifas: el sector transportista reclama un incremento del 17%, mientras que los productores primarios sostienen una oferta del 14%, una brecha que, aunque estrecha en términos porcentuales, mantiene completamente trabada la negociación.

Desde el ámbito legislativo local adelantaron la intención de convocar a todas las partes para intentar mediar y acercar posiciones. No es un dato menor: cuando los canales formales de negociación se debilitan, la intervención institucional aparece como una herramienta clave para evitar que el conflicto escale aún más.

El impacto, sin embargo, ya es profundo. No solo alcanza a los transportistas —que dependen del ingreso diario— sino que paraliza toda la logística de traslado de granos hacia el puerto. Y en ese freno, cada actor de la cadena pierde.

La preocupación sindical y el riesgo sistémico

En paralelo, organizaciones sindicales de la mesa local —entre ellas A.T.C.A.D.E., SUPA, el Sindicato de Obreros y Empleados Aceiteros Quequén-Necochea y UATRE— difundieron un comunicado conjunto fechado el 20 de abril en Quequén, en el que expresaron su “profunda preocupación” por la falta de soluciones y de canales efectivos de diálogo.

El pronunciamiento no solo responde a versiones cruzadas sobre bloqueos, sino que expone un problema más de fondo: la ausencia de mecanismos ágiles para resolver tensiones en un sector estratégico. Cuando los conflictos se prolongan, dejan de ser sectoriales y pasan a ser estructurales.

La advertencia de entidades como la Cámara de Puertos Privados Comerciales y CIARA-CEC refuerza ese diagnóstico. La confiabilidad de Argentina como proveedor global está en juego. En un mercado internacional donde los tiempos son tan importantes como los volúmenes, cualquier interrupción logística se traduce en desconfianza. Y la desconfianza, en comercio exterior, se paga caro.

Quequén hoy no es solo un puerto paralizado; es el reflejo de una deuda pendiente. La necesidad de reglas claras, diálogo efectivo y políticas que garanticen previsibilidad ya no admite postergaciones. Porque cuando la logística falla, no solo se detienen los camiones: se detiene el ingreso de divisas, se resiente la producción y se compromete el futuro inmediato.

Mientras tanto, el país sigue funcionando a media máquina. Y en ese escenario, cada día cuenta.

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