El tren a Quequén no puede seguir esperando

El tren a Quequén no puede seguir esperando

La decisión del Gobierno nacional de prorrogar por un año la continuidad de Ferrosur Roca al frente del servicio ferroviario de cargas de la Línea General Roca vuelve a poner al corredor hacia Puerto Quequén frente a una realidad que la región conoce demasiado bien: el tren sigue esperando una decisión política que nunca termina de llegar.

Y, a mi entender, ese es el punto central.

La prórroga no significa que el proyecto de recuperar el ramal hacia Quequén haya sido descartado. Pero tampoco contiene la respuesta que la región esperaba. No hay, por ahora, una obligación concreta de reactivar el servicio, ni un cronograma de obras, ni una definición que permita pensar que el tren volverá a circular en el corto plazo.

Después de casi tres décadas sin actividad ferroviaria, un año más no parece demasiado para quienes toman las decisiones en Buenos Aires, pero sí puede ser mucho para una región que necesita mejorar su infraestructura logística.

En agosto, los intendentes de Tandil, Lobería, Balcarce y Ayacucho hicieron algo que merece ser destacado: llevaron a Nación un planteo conjunto para que el corredor Ayacucho–Tandil–Lobería–Balcarce–Quequén–Necochea sea incorporado al futuro esquema ferroviario de cargas.

No fue un reclamo aislado de una ciudad. Fue una mirada regional.

Y allí está, precisamente, una de las claves para entender por qué el regreso del tren no debería ser considerado solamente una cuestión ferroviaria. Es una cuestión productiva, logística y estratégica para todo el sudeste bonaerense.

Puerto Quequén necesita alternativas.

La producción necesita alternativas.

Los productores necesitan alternativas.

Y la región necesita reducir su dependencia casi absoluta del transporte automotor para llegar al puerto.

El ferrocarril no va a reemplazar al camión, ni tiene por qué hacerlo. El verdadero objetivo debería ser construir un sistema multimodal eficiente, donde cada medio de transporte cumpla la función para la cual resulta más conveniente.

En ese esquema, recuperar las vías hacia Quequén significaría mucho más que volver a ver una formación ferroviaria entrando al puerto.

Significaría incorporar una herramienta logística capaz de darle mayor competitividad a nuestra producción.

Pero antes hay que saber en qué condiciones está la infraestructura. Hay que revisar vías, puentes, estaciones y pasos ferroviarios. Hay que determinar cuánto cuesta recuperar la traza y qué inversiones son necesarias. Y, fundamentalmente, hay que establecer quién las hará y bajo qué esquema.

Ese trabajo debería comenzar cuanto antes.

Porque si la prórroga de Ferrosur sirve para ganar tiempo mientras Nación termina de diseñar un nuevo modelo ferroviario, la región debería aprovechar ese tiempo para llegar a la próxima definición con un proyecto concreto sobre la mesa.

No alcanza con decir que queremos que vuelva el tren. Hay que demostrar que existe una demanda, una producción, un puerto y una región capaces de sostenerlo.

Y esa demostración, en nuestra zona, parece bastante evidente.

El corredor atraviesa territorios productivos importantes y termina en Puerto Quequén, una infraestructura estratégica para la salida de gran parte de la producción agropecuaria del sudeste bonaerense.

Por eso también resulta importante que Necochea haya acompañado institucionalmente el reclamo. El tren hacia Quequén no debería ser una discusión de intendentes por separado. Tampoco una bandera exclusiva de un municipio.

Debe ser una política regional.

La oportunidad, entonces, no está perdida. Pero tampoco está garantizada.

La prórroga de Ferrosur puede ser simplemente otro capítulo de una larga historia de postergaciones o puede transformarse en el período durante el cual Nación, la Provincia, los municipios, el sector productivo y Puerto Quequén construyan una propuesta seria y viable.

Dependerá de lo que hagamos durante este año.

Porque hay algo que la región no debería volver a aceptar: que el tren a Quequén sea siempre una promesa para el futuro.

Después de 1998, ya esperamos demasiado.

Ahora no se trata solamente de recuperar un ramal ferroviario. Se trata de decidir qué infraestructura necesita el sudeste bonaerense para producir más, transportar mejor y ser más competitivo.

Y en esa discusión, el tren hacia Puerto Quequén debería estar sentado en primera fila.

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