Feedlots bajo presión: el precio del gordo no alcanza para sostener el valor de la invernada
El negocio del engorde a corral atraviesa una etapa de fuerte presión sobre sus márgenes. Mientras la cría y la recría encuentran actualmente relaciones de precios favorables, los feedlots enfrentan una ecuación cada vez más difícil: el valor de la hacienda terminada permanece prácticamente estancado desde hace cinco meses, mientras que el precio de la invernada continúa firme.
La consecuencia es una brecha que ya ronda el 45% entre el ternero y el animal terminado, una diferencia que deja al engorde a corral con escaso margen de maniobra para reponer hacienda y sostener la rentabilidad.
A este escenario se suma una demanda interna que encuentra límites en el poder adquisitivo de los consumidores y una oferta creciente de animales destinados a faena. Los corrales deben comenzar a liberar hacienda que ya cumplió su ciclo de engorde, aun cuando las condiciones del mercado no resulten favorables.
Según datos de la Cámara Argentina de Feedlot (CAF), alrededor del 62% de las empresas se encuentra actualmente en proceso de vaciado, una señal que refleja la tensión que atraviesa la actividad.
Una cuenta que prácticamente no cierra
El principal problema está en la relación entre el precio de compra y el valor de venta. De acuerdo con el análisis presentado por el presidente de la CAF, Fernando Storni, el margen bruto del negocio resulta prácticamente neutro, con apenas unos 44.000 pesos por cabeza.
Pero esa pequeña diferencia desaparece cuando se incorporan otros componentes de la estructura de costos, como el financiamiento y el efecto de la inflación.
Storni advirtió además sobre la situación de quienes ingresaron al negocio comprando invernada a valores de 6.200 o 6.300 pesos por kilo, a los que deben agregarse los gastos comerciales. En esos casos, muchos ciclos podrían terminar directamente con pérdidas y provocar una progresiva descapitalización de las empresas.
La dificultad queda todavía más clara al observar el precio de salida. Los animales enviados a faena no superan actualmente los 5.000 pesos por kilo vivo, antes de descontar los gastos comerciales. Ese valor permanece prácticamente sin cambios desde abril.
Esta estabilidad del precio del ganado terminado puede contribuir a contener el incremento del precio de la carne al consumidor, pero detrás de esa aparente tranquilidad existe una realidad diferente: el bajo poder de compra de la población está limitando la capacidad del mercado para convalidar nuevas subas, mientras los costos y el valor de reposición siguen aumentando.
El ternero vale más de lo que puede pagar el feedlot
La capacidad de compra de los corrales está hoy claramente por debajo de los valores que pretende la invernada.
Según explicó Storni, para que el negocio vuelva a ofrecer un resultado razonable debería existir un diferencial cercano al 10% entre el precio del gordo y el de compra del ternero.
Con un animal terminado en torno de los 5.000 pesos por kilo, el feedlot debería poder adquirir la invernada aproximadamente a 5.500 pesos. Sin embargo, los valores que actualmente se observan en el mercado se ubican en torno a 6.100-6.200 pesos por kilo.
La diferencia parece pequeña cuando se expresa en pesos, pero es determinante cuando se proyecta sobre todo el ciclo de engorde.
“Comprando a 5.500 y vendiendo a 5.000 el número empezaría a tener un resultado positivo”, resumió Storni, dejando expuesta la principal dificultad que enfrenta hoy el sector.
El problema no es el maíz
Otro dato importante es que el costo de alimentación no aparece como el principal responsable de la pérdida de rentabilidad.
La relación entre el precio del maíz y el valor de la hacienda terminada resulta relativamente favorable para el feedlot. Sin embargo, esa ventaja no alcanza para compensar la diferencia existente entre el precio de compra de la invernada y el valor obtenido posteriormente por el animal terminado.
En otras palabras, el problema está fundamentalmente en la relación compra-venta de la hacienda.
Mientras el gordo permanece prácticamente congelado, determinados lotes de invernada muestran nuevos repuntes, deteriorando todavía más la ecuación económica de los corrales.
Corrales que empiezan a vaciarse
El resultado de esta situación es una menor predisposición a reponer hacienda y una salida importante de animales terminados.
Los feedlots todavía mantienen niveles de ocupación elevados, pero ya atraviesan un proceso de vaciamiento que podría tener consecuencias sobre la oferta futura.
Storni señaló que algunos establecimientos llevan aproximadamente tres meses de proceso de vaciado, con una salida particularmente importante durante agosto.
Ahora aparece una incógnita central para el mercado ganadero: ¿qué sucederá cuando esa oferta adicional de hacienda terminada comience a disminuir?
La respuesta dependerá fundamentalmente de la evolución de la demanda. Si los corrales reducen significativamente sus existencias y la oferta de animales para faena comienza a achicarse, podría generarse un escenario diferente para los precios.
El mercado ganadero queda así frente a una paradoja: hoy hay una oferta importante de hacienda terminada que presiona sobre los valores, pero detrás de esa oferta existe un proceso de vaciamiento que podría reducir la disponibilidad de animales en los próximos meses.
El desafío será determinar si, cuando llegue ese momento, la demanda tendrá la suficiente fortaleza como para recuperar los precios o si el poder de compra del mercado interno continuará funcionando como el principal límite para la recuperación del gordo.
Por ahora, el feedlot enfrenta una ecuación incómoda: compra caro, vende barato y necesita que el precio del gordo reaccione para volver a justificar la reposición. Y mientras esa relación no se modifique, el engorde a corral seguirá transitando un escenario de márgenes estrechos, pérdidas potenciales y creciente riesgo de descapitalización.
