El campo y el Estado, otra vez frente a frente
El inicio de los festejos por los 160 años de la Sociedad Rural Argentina dejó un mensaje político nítido: el Gobierno busca mostrarse cerca del agro en un momento en que la producción enfrenta los efectos combinados de las inundaciones, el granizo y la sequía.
En ese marco, el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, anunció la prórroga de la emergencia agropecuaria hasta el 28 de febrero de 2026 para los partidos bonaerenses más afectados —Bolívar, 9 de Julio, Carlos Casares y Tapalqué—, junto con un aporte de un millón de litros de gasoil para sostener la maquinaria vial e hidráulica que trabaja en las zonas anegadas.
El acto, realizado en el predio de Palermo y cargado de simbolismo institucional, reunió a funcionarios nacionales, gobernadores y dirigentes rurales. Fue una escena que buscó exhibir articulación política y compromiso federal: además de Buenos Aires, se anunció apoyo logístico a Entre Ríos, golpeada por el granizo y el viento, y a Río Negro, donde la sequía continúa castigando a los productores.
Más allá de la emergencia, el discurso de Adorni apuntó a consolidar una narrativa económica en la que el agro vuelve a ser protagonista del modelo de crecimiento. El funcionario enmarcó las medidas en una estrategia más amplia: retenciones cero para las economías regionales, rebaja de alícuotas para los principales cultivos y la carne, y una poda de 400 normas burocráticas que el Gobierno considera trabas para la producción. En esa línea, Adorni insistió en que el superávit fiscal y la estabilidad macroeconómica son condiciones imprescindibles para sostener políticas de incentivo productivo.
El mensaje también tuvo resonancias políticas: “Tenemos 20 gobernadores dispuestos a colaborar, un presidente comprometido y un equipo que cree en el mérito y el trabajo honesto”, afirmó el jefe de Gabinete. Una frase que buscó reforzar la idea de un oficialismo que combina orden fiscal con sensibilidad productiva.
Del lado rural, el presidente de la SRA, Nicolás Pino, aportó una mirada más institucional y conciliadora. Reivindicó el lema histórico de la entidad —“Cultivar el suelo es servir a la Patria”—, pero al mismo tiempo reconoció la necesidad de “acercar la Rural a la sociedad” y de asumir los desafíos de la modernización, la sustentabilidad y la trazabilidad. Su discurso, lejos de la confrontación, tendió puentes hacia un nuevo tiempo de cooperación entre el campo y el Estado.
A 160 años de su fundación, la Rural parece entender que el futuro no se construye desde la trinchera, sino desde el diálogo. Y el Gobierno, consciente del peso estructural del agro en la economía, busca convertir esa alianza en motor de estabilidad y crecimiento. Si ambos actores logran sostener este equilibrio entre ayuda inmediata y visión de largo plazo, la Argentina podría reencontrarse con una de sus virtudes más olvidadas: la de hacer del campo una verdadera política de Estado.
