La ganadería argentina entra en etapa clave: arranca la obligatoriedad de la identificación electrónica desde enero
La ganadería argentina inicia una transformación estructural: a partir del 1° de enero de 2026, todo bovino deberá estar identificado mediante dispositivo electrónico oficial, en cumplimiento de la Resolución 841/25 del Senasa. La medida pone fin a las caravanas visuales tradicionales y obliga a todo el sistema productivo —desde el campo hasta el frigorífico— a adoptar tecnología de trazabilidad plena.
El cambio ya comenzó a acelerarse. Desde el 1° de diciembre, la venta de caravanas visuales clásicas quedó prohibida, según un informe de la consultora Select Debernardi, lo que marca el inicio de una transición que promete beneficios sanitarios, comerciales y productivos, aunque no sin desafíos.
Un bovino con “cédula de identidad”
Francisco López Harburu, directivo de la consultora, explicó que todo movimiento de hacienda deberá realizarse con animales identificados con caravana visual y un dispositivo electrónico oficial, que funcionarán como dupla inseparable. Cada bovino tendrá su número individual asignado por Senasa, con datos del productor como Renspa y CUIT como base administrativa.
Los dispositivos disponibles —botón RFID, chip subcutáneo o bolo ruminal— permiten lecturas automáticas con bastones inalámbricos. Una vez colocado, el productor tendrá 10 días para cargar en el SIGSA información clave del animal, como sexo, raza y fecha de nacimiento. Esa base alimentará los estándares de trazabilidad que el comercio internacional ya exige sin excepciones.
Responsabilidades en cada eslabón
La normativa implica obligaciones estrictas para toda la cadena:
- Productores: deben colocar el binomio y cargar los datos en tiempo y forma. Si se pierde un botón en transporte, la caravana visual permite identificar al animal, pero la reposición del conjunto será obligatoria.
- Ferias y consignatarios: tendrán que controlar identificación al ingreso y egreso.
- Frigoríficos: deberán leer, declarar y desactivar cada dispositivo recuperado en la oreja derecha.
El Senasa prevé multas, decomisos y clausuras ante incumplimientos, lo que refleja la seriedad con que se busca garantizar la trazabilidad integral.
Ventajas: transparencia y competitividad
López Harburu destacó que la identificación electrónica otorga trazabilidad objetiva y verificable, eliminando subjetividades y fortaleciendo la transparencia de la cadena cárnica. Además, acerca a la Argentina a los estándares de los principales mercados premium, donde la trazabilidad dejó de ser un valor agregado para convertirse en un requisito indispensable.
A nivel productivo, la tecnología permitirá un seguimiento más preciso de los rodeos, optimizando registros de nacimientos, sanidad y movimientos, con impacto tanto en sistemas de carne como de leche.
Desafíos para los productores chicos
El proceso no está exento de dificultades. Los establecimientos de menor escala —en especial los que tienen menos de 50 cabezas— deberán enfrentar inversiones en dispositivos, capacitación y carga digital de información, muchas veces con conectividad limitada.
Sin embargo, la transición puede administrarse de manera gradual.
“No es necesario identificar todo el rodeo de inmediato; comenzando por el destete, en cuatro años la totalidad del stock quedará identificada”, señaló López Harburu.
Una modernización ineludible
Para el sector exportador, que compite con países como Brasil y Uruguay, ambos con sistemas avanzados de trazabilidad, esta modernización se vuelve fundamental. En un mercado global que demanda cada vez más verificación documental, bienestar animal y medición de huella de carbono, quedar rezagado no es una opción.
“La resolución del Senasa inaugura una nueva etapa en el manejo del ganado argentino”, sintetizó López Harburu. La adopción plena de la identificación electrónica representará una inversión, pero también un salto estratégico hacia una ganadería más segura, eficiente y alineada con las exigencias internacionales de la próxima década.
