Los trabajadores rurales en 2025: entre la modernización del agro y viejos desafíos estructurales
2025 fue un año bisagra para los trabajadores rurales argentinos, atravesado por cambios tecnológicos, ajustes económicos y una renovada discusión sobre derechos laborales, registración y condiciones de empleo en el campo.
Con una actividad agropecuaria exigida por la competitividad internacional y la presión de los costos internos, el trabajo rural volvió a ocupar un lugar central en la agenda productiva y social del país.
Más tecnología, nuevas exigencias
La incorporación de tecnología en la producción agrícola y ganadera —desde maquinaria de precisión hasta sistemas digitales de control y trazabilidad— demandó mano de obra más capacitada. Esta transformación impulsó instancias de formación, pero también dejó al descubierto brechas educativas y dificultades de adaptación, especialmente entre trabajadores temporarios.
Empleo, informalidad y condiciones laborales
Si bien se registraron avances en la registración laboral, la informalidad continúa siendo uno de los principales problemas del sector. Entidades gremiales advirtieron que en distintas regiones persisten situaciones de precarización, extensas jornadas y condiciones habitacionales deficitarias, sobre todo en actividades estacionales como cosechas y zafras.
Desde UATRE se insistió durante el año en la necesidad de fortalecer los controles, actualizar escalas salariales y garantizar el acceso a derechos básicos como la seguridad social y la cobertura de salud.
El rol del Estado y los organismos
Durante 2025, el RENATRE reforzó campañas de fiscalización y programas de capacitación, apuntando a mejorar la empleabilidad y reducir el trabajo no registrado. En paralelo, el Ministerio de Trabajo mantuvo mesas de diálogo con gremios y empleadores, en un contexto económico marcado por la búsqueda de equilibrio fiscal y la redefinición de políticas laborales.
Un sector clave para el interior
Más allá de las dificultades, los trabajadores rurales siguieron siendo un eslabón esencial para el funcionamiento de las economías regionales, sosteniendo la producción de alimentos, las exportaciones y el entramado social de pueblos y zonas rurales.
Con la mirada puesta en 2026, el desafío sigue siendo claro: compatibilizar eficiencia productiva, modernización y competitividad, con trabajo digno, registrado y sostenible, para quienes todos los días hacen posible que el campo argentino esté en marcha.
