Una cosecha que ilusiona, pero no alcanza para tapar los problemas
La cosecha de trigo en el sudeste de la provincia de Buenos Aires y en la Cuenca del Salado recién comienza, pero los primeros números invitan al optimismo. Con rindes que ya superan los 50 quintales por hectárea, el panorama productivo aparece auspicioso, al menos desde el punto de vista del volumen. Es una señal positiva para una región clave, que vuelve a mostrar su potencial aun en un contexto cargado de incertidumbres.
Los datos del resto de la provincia refuerzan esa tendencia. En el centro bonaerense, con casi la mitad del área cosechada, el rinde promedio alcanza los 43 qq/ha, mientras que en el sudoeste, históricamente más castigado por el clima, se ubica en 34,5 qq/ha. En el sur de la zona núcleo pampeana, donde la trilla está más avanzada, los rendimientos trepan a 58,1 qq/ha, confirmando una campaña muy por encima de la media.
A nivel nacional, ya se recolectó el 73% del trigo, con una producción estimada en 20,2 millones de toneladas según la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, aunque no se descartan ajustes al alza a medida que avance la cosecha en el sur. Las cifras son apenas inferiores a las proyecciones de la Bolsa de Comercio de Rosario y confirman que el trigo vuelve a ser protagonista, con rindes extraordinarios en el norte pampeano, Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos y el norte de la zona núcleo.
Sin embargo, la historia no termina en el rinde. El sector agropecuario vuelve a enfrentar una paradoja conocida: producir mucho no siempre se traduce en rentabilidad. Costos elevados, presión impositiva, retenciones y problemas estructurales de infraestructura siguen siendo un lastre que ningún récord productivo logra disimular del todo.
En paralelo, los granos gruesos avanzan con buen ritmo. La siembra de soja y maíz muestra un estado general entre normal y excelente, el girasol mantiene una condición hídrica favorable y el sorgo suma hectáreas en distintas regiones. El potencial está, el clima acompaña y el productor hace su parte.
La gran pregunta, una vez más, es si este buen momento productivo será aprovechado para dar previsibilidad y reglas claras al sector, o si quedará reducido a una foto alentadora que no alcanza para cambiar el fondo del problema. La cosecha ilusiona, pero el desafío sigue siendo transformar volumen en desarrollo sostenido.
*Por Nicolás Mario Tambascia
