Sanidad ganadera: modernizar sin poner en riesgo lo construido

Sanidad ganadera: modernizar sin poner en riesgo lo construido

La reciente resolución 201 del SENASA abre un nuevo capítulo en el sistema sanitario de la ganadería argentina. La norma establece que, a partir del 1° de enero de 2027, los productores podrán elegir directamente al veterinario acreditado que aplicará las vacunas contra la fiebre aftosa y la brucelosis bovina en sus rodeos.

La decisión del Gobierno nacional apunta a introducir mayor competencia, flexibilizar el sistema y reducir costos para los productores. Un objetivo legítimo en un contexto donde la rentabilidad ganadera enfrenta desafíos crecientes y donde la eficiencia es una demanda permanente del sector.

Sin embargo, el anuncio también puso en evidencia una discusión de fondo dentro del campo argentino: cómo modernizar los sistemas sin comprometer uno de los activos más valiosos de la producción nacional, su estatus sanitario.

Durante décadas, el esquema basado en fundaciones y entes sanitarios regionales permitió organizar campañas de vacunación masivas, garantizar la cadena de frío y asegurar cobertura incluso en zonas alejadas o de baja rentabilidad. Ese sistema, construido con el trabajo conjunto del Estado, veterinarios y productores, fue clave para sostener el reconocimiento internacional de la sanidad del rodeo argentino.

Desde la Sociedad Rural Argentina, su presidente Nicolás Pino respaldó la medida al considerar que permitirá mayor eficiencia y reducción de costos. Para muchos productores, poder elegir al veterinario que atiende habitualmente su establecimiento representa una forma de agilizar procesos y simplificar la logística.

Pero otras entidades advierten sobre riesgos que no pueden ignorarse. Confederaciones Rurales Argentinas y Federación Agraria plantean que el sistema actual, aunque perfectible, garantiza una organización solidaria que cubre territorios donde el mercado por sí solo podría no llegar. La vacunación en zonas fronterizas o establecimientos alejados plantea interrogantes que deberán resolverse con claridad.

La discusión no es menor. La fiebre aftosa no es solo un tema sanitario: es también una cuestión estratégica para la economía nacional. La apertura de mercados internacionales, la exportación de carne y la confianza de los compradores dependen en gran medida de la solidez del sistema sanitario argentino.

Por eso el período de transición hasta 2027 será determinante. Allí deberán definirse aspectos centrales como la distribución de vacunas, la supervisión del trabajo veterinario y, sobre todo, la garantía de cobertura en todo el territorio productivo.

Modernizar el sistema puede ser una oportunidad. Pero cualquier cambio deberá preservar lo más importante: la confianza construida durante décadas en la sanidad de la ganadería argentina.

Porque en el campo, como en tantos otros ámbitos, abaratar costos nunca puede significar bajar la guardia en materia sanitaria.
El desafío será encontrar el equilibrio entre eficiencia y responsabilidad, para que la ganadería siga siendo uno de los pilares productivos del país.