OPINIÓN | Agricultura en el nuevo Congreso: lo que se juega el campo mientras LLA define poder y lealtades
Concluida la primera mitad del mandato de Javier Milei y con un Congreso renovado donde La Libertad Avanza logró instalarse como primera minoría, el mapa político cambió. Pero para el campo, la verdadera pregunta no está solo en cuántas bancas tiene cada fuerza, sino en quién manejará la Comisión de Agricultura y Ganadería, el ámbito donde se decide buena parte de las reglas del juego productivo.
Las sesiones extraordinarias estarán dominadas por el Presupuesto y la reforma laboral, pero el sector agropecuario sabe que el verdadero debate llegará en marzo, cuando se rearmen las comisiones. Y ahí comienza la pulseada.
Un tablero donde el campo mira, pero no siempre participa
La presidencia de Agricultura fue, en los últimos años, uno de los pocos espacios donde el agro podía tener voz técnica más allá de las urgencias políticas del momento.
Con la salida del radical Atilio Benedetti, se abre un vacío y, sobre todo, una disputa.
LLA, fortalecido y decidido a ordenar la cuestión legislativa, debe elegir entre dos caminos:
- Apostar por un “violeta puro” que garantice disciplina política, o
- Premiar aliados clave que ayudaron a construir la primera minoría, aun si no vienen del corazón doctrinario del mileísmo.
Para el campo, cada opción tiene implicancias muy distintas.
Los nombres no son solo nombres: son señales
Beltrán Benedit es continuidad técnica y política. Conoce el paño y viene del sector. Pero su cercanía con Villarruel puede jugarle en contra en un oficialismo cada vez más verticalizado.
Francisco Morchio aparece como un jugador al que el Gobierno “le debe una”. Su salto a LLA permitió ganarle la pulseada a Unión por la Patria. Un premio así reforzaría el mensaje de que la lealtad se paga.
Luis Picat, con historia en la SR de Jesús María, sería un guiño directo al agro productivo y empresarial. Pero no es un soldado 100% violeta, y eso hoy pesa.
Cualquiera de ellos ofrece perfiles distintos, pero ninguno se despega de la idea de que, esta vez, la comisión será parte del engranaje disciplinado que el Ejecutivo quiere consolidar.
¿Y si aparece un “tapado”? Lo que eso significaría para el sector
En un Congreso donde Milei espera obediencia legislativa para avanzar con desregulaciones y reformas, no se puede descartar que la presidencia recaiga en un nombre inesperado: un legislador premiado, un aliado estratégico, un gesto hacia un gobernador clave.
Para el agro, esta posibilidad es la más incierta. Porque un “tapado” puede significar:
- menos interlocución directa,
- menos comprensión técnica de la complejidad productiva,
- y más alineamiento con la lógica política del momento que con las necesidades del sector.
Lo que está en juego para el campo
La Comisión de Agricultura no es simbólica: es donde se discute lo que impacta todos los días en la cadena productiva.
Allí pasan proyectos sobre:
- retenciones y simplificación tributaria,
- comercio exterior,
- regulaciones sanitarias,
- biotecnología y semillas,
- infraestructura rural y logística,
- economías regionales.
El sector necesita previsibilidad y, sobre todo, alguien que comprenda que no hay competitividad posible sin reglas claras.
Por eso, más que un nombre, lo que el campo espera es una señal:
¿será una comisión técnica y estratégica, o un engranaje más del dispositivo político del Ejecutivo?
La respuesta dirá mucho sobre el rumbo de los próximos dos años.
