El Gobierno incorpora el RIMI a la reforma laboral: prevé incentivos para riego, energía, genética y mallas antigranizo

El Gobierno incorpora el RIMI a la reforma laboral: prevé incentivos para riego, energía, genética y mallas antigranizo

El Régimen de Incentivo para Medianas Inversiones (RIMI), inicialmente pensado como un esquema para dinamizar la producción y modernizar procesos en diversas economías regionales, terminó por integrarse al proyecto de reforma laboral que el Poder Ejecutivo envió al Congreso. La inclusión del programa dentro del paquete laboral sorprendió tanto a legisladores como a representantes del sector productivo, que seguían de cerca su evolución desde la agenda económica.

El RIMI apunta a promover inversiones de escala media en actividades agrícolas, ganaderas, industriales y tecnológicas. Entre los beneficios contemplados se destacan incentivos fiscales y amortizaciones aceleradas para proyectos vinculados al riego tecnificado, energías limpias o de eficiencia energética, mejoramiento genético animal y vegetal, y la incorporación de mallas antigranizo u otras herramientas para mitigar daños climáticos.

Según fuentes oficiales, la decisión de insertar el régimen dentro de la reforma laboral responde a una estrategia del Gobierno de “ordenar” distintos instrumentos de competitividad bajo un mismo marco normativo. Sin embargo, la novedad abrió interrogantes: especialistas advierten que la mezcla de temas puede complicar el tratamiento parlamentario, especialmente en un Congreso con fuertes tensiones entre bloques.

Desde el sector agroindustrial celebraron la continuidad del RIMI, aunque manifestaron preocupación por el contexto legislativo en el que fue colocado. “Es una herramienta clave para modernizar sistemas productivos y hacerlos más resilientes frente a eventos climáticos extremos. Lo que preocupa es que quede atrapado en un debate político que no le corresponde”, señaló un dirigente de la región pampeana.

Mientras tanto, en el Gobierno aseguran que el régimen seguirá adelante y que, de aprobarse, podría impulsar inversiones estratégicas en 2026, especialmente en zonas donde el riesgo climático y los costos energéticos condicionan la competitividad.

La discusión legislativa comenzará en las próximas semanas y el RIMI se perfila como uno de los puntos a seguir de cerca por el entramado productivo argentino.